Esta conmemoración, que cada año se celebra con un lema temático, fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en 2003, con la coordinación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) como organismo responsable de su observancia. Su origen responde a la necesidad de visibilizar la importancia de estos ecosistemas, de los cuales depende gran parte de la vida en la Tierra: aportan entre el 60% y el 80% del agua dulce del planeta, albergan un cuarto de la biodiversidad terrestre y son hogar de numerosas comunidades indígenas y rurales. El objetivo principal es sensibilizar sobre su fragilidad frente al cambio climático, la deforestación y la degradación de suelos, así como promover alianzas globales para asegurar un desarrollo sostenible de estas regiones y garantizar la resiliencia de quienes viven en ellas.
Las montañas pueden clasificarse como espacios de alto valor ambiental (biodiversidad y agua), cultural (tradiciones, pueblos originarios) y económico (turismo, agricultura, energía). A nivel internacional, representan también indicadores tempranos de los efectos del cambio climático. En Panamá, aunque no existe una ley específica que institucionalice este día, la efeméride suele vincularse a las celebraciones educativas y ambientales de instituciones gubernamentales que destacan la importancia de la Cordillera Central y sus áreas protegidas (como el Parque Nacional Volcán Barú y La Amistad). Estos espacios son vitales para el suministro de agua a gran parte de la población y sostienen actividades productivas como la agricultura de altura en las provincias de Chiriquí y Veraguas.
COMPETENCIAS:
Adaptabilidad a los cambios del entorno, Bienestar, Calidad y mejora continua, Conciencia de seguridad, Conocimientos técnicos, Empatía y simpatía, Ética, Gestión y logro de objetivos, Iniciativa, Manejo de crisis, Orientación a los resultados, Productividad, Resiliencia (sobrevivencia), Respeto, Responsabilidad, Sencillez.
